Los oxidantes, cuando el cuerpo se “oxida”

10/10/2009

El organismo humano se resiste a causa de éste rápido cambio, pues necesita tiempo para adaptarse, si es que eso resulta posible con la dieta que hasta hoy consideramos “normal”. Los cambios son necesarios, no solo para contrarrestar el “stress”, sino también el “colesterol” y los “oxidantes celulares”.

Nuestra vida es una lucha constante contra el colesterol, que nos lleva, según los alimentos que ingerimos, a un aumento del depósito de esta sustancia en el interior de nuestras arterias, impidiendo una buena circulación de la sangre en los órganos más nobles, como por ejemplo el corazón y el cerebro. Ese cambio de hábitos, haciendo un buen balance de nutrientes en las comidas, traerá un mejor funcionamiento de los intestinos que permitirá, diariamente, que el organismo deseche tóxicos.

La prevención es importante para la protección de la salud, por ello es cada día más importante cuidar nuestra alimentación para evitar las secuelas del metabolismo alterado. Estas secuelas son originadas por los llamados “radicales libres”. La acción tóxica de los radicales libres reside en que reaccionan con las moléculas de las células, originando alteraciones irreversibles, que disminuyen su rendimiento funcional y provocan el envejecimiento prematuro. El organismo se defiende contra ellos, mediante las “sustancias antioxidantes”, ya sea provenientes de las mismas células y las provenientes de los alimentos.

Las sustancias antioxidantes propias, disminuyen considerablemente en situaciones de “stress” físico y psíquico, dando lugar a gran cantidad de radicales libres por oxidación y degeneración progresiva celular.

De allí la importancia de incorporar, en estas situaciones -a las que casi todos nosotros estamos expuestos- antioxidantes de origen exógeno por medio de la alimentación.

De no hacerlo tanto nosotros mismos como quienes nos rodean, notamos en nuestro cuerpo signos inequívocos de un envejecimiento prematuro tales como: fatiga mental, falta de concentración, irritabilidad, cansancio y un insistente agotamiento progresivo. En resumen, nos estamos oxidando física y mentalmente.

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